¿TIENE EL CONCILIO LA CULPA?

La Constitución sobre Sagrada Liturgia del Concilio, promulgada el 30 de noviembre de 1963, dedicó su capítulo vi a la música sagrada; posteriormente publicó, el 5 de marzo de 1967, la Instrucción “Musicam Sacram” sobre la música en la liturgia. En estos documentos, como lo veremos más adelante, el Concilio pretende, taxativamente, devolver la importancia y la calidad de la función ministerial de la música sacra en el servicio divino. Es fiel a un principio que la Iglesia ha mantenido inalterable durante su existencia milenaria: por medio de la música es como mejor podemos adorar a Dios. No cabe, por lo tanto, el concepto de que se puede adorar a Dios con mala música. Lo menos que podemos decir al respecto, es que estaríamos cerca de la herejía.

El problema que sí tuvo el Concilio fue que el mundo no estaba preparado para enfrentar esta exigencia, por lo que, conscientes de ello, los padres conciliares entrevieron una válvula de escape mientras se dabaíi las condiciones para cumplir los decretos mencionados. Esta válvula, cual resquicio legal entre nosotros, ha dado origen a una década de soluciones que se apartan cada vez más de los propósitos del Concilio.

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