REFLEXIONES SOBRE RADIODIFUSIÓN MUSICAL

Hace unos cuarenta años la técnica electrónica de radiodifusión era muy imperfecta si se compara con la que hoy tenemos. No existía la frecuencia modulada, ni el satélite ni la casette. A pesar de eso, no deja de producirme cierta nostalgia revisar la interesante revista Cultura Musical, que se publicó en Santiago poco antes de la segunda guerra mundial. En efecto, en el número de septiembre de 1937 un cronista se quejaba del “lamentable estado de receso” de la temporada musical de fines de ese invierno, y todo porque algunas luminarias extranjeras, como Pablo Casals y otros, no habían venido a Chile.

Sin embargo, el público de entonces tenía una compensación con la que actualmente no cuenta en casos similares. Decía el mismo cronista que “sólo la Radiodifusión salva en cierto modo a Santiago de no estar absolutamente privado de la música de calidad”. Nos preguntamos si hoy también se podría decir lo mismo; la respuesta, por desgracia, es negativa. El artículo destacaba los programas de Radio Chilena y de “otras estaciones”, algunas de las cuales transmitían en cadena los conciertos de la Orquesta Sinfónica; también mencionaba las transmisiones de la Sociedad de Amigos del Arte y los “notables programas” que la antigua Facultad de Bellas Artes difundía por varias radios de la capital. Cuatro décadas después esta misma Facultad, si bien con otro nombre, acaba de poner fin a su radioemisora por falta de financiamiento y ninguna radio transmite directamente concierto alguno de los numerosos que se suceden en Santiago.

En el número de octubre de 1937, la revista Cultura Musical daba algunos detalles: los sábado, de 10 a 11.30, se transmitían conciertos histórico-musicales por Radio Chilena; los domingo de 14 a 16.30, conciertos dominicales para Chile y el extranjero por Radio Diario Ilustrado en cadena con Radio Pivot, en onda corta, y a las 22 se difundían conciertos por solistas nacionales, donde siempre había una obra chilena, por Radios Pacífico en cadena con Ilustrado y Pivot; los miércoles, de 13 a 15 horas, conciertos para toda América por Radio Pivot. Chile era, por lo tanto, un “proveedor” radial de buena música para todo el país y para el resto del continente. Han cambiado los tiempos.

En una pequeña encuesta privada, recorrí hace unos días el dial de am y fm en distintas horas. El viernes, a las 19.15, había 19 emisoras en am, donde tres transmitían avisos y el resto música mediocre: ni siquiera una bonita canción popular, ya que música clásica no había. De las 17 emisoras fm, una sola transmitía música clásica y las demás, programas rock y mucha música “ambiental”. El sábado, a las 14.10, dos radios am ofrecían música clásica, cinco daban noticias, cinco fútbol o boxeo y cinco música popular. De las sólo 13 fm, una transmitía música clásica, once música popular y una fútbol (seguramente se aprecia mejor en fm). El domingo y el martes siguientes, en otros horarios, no cambió mucho la proporción anotada. Sin excepción, los programas clásicos consistían en obras bien conocidas de los siglos xvui y xix.

Las causas de este fenómeno son múltiples, pero entre ellas sobresale una muy simple: la música mediocre, uniformada por el ritmo mecánico impuesto por los botones del órgano a transistores, es un buen negocio. Si no, no se explica que haya tantas radios en Santiago y que la mayoría de ellas transmita hasta la saciedad este producto adocenado, situación que se agudiza en las regiones. Unas pocas radioemisoras bastarían para satisfacer todos los gustos e inclinaciones musicales de la población nacional, si ellas utilizaran inteligentemente los recursos que hoy se atomizan, si se asesoraran por expertos calificados y si consideraran que tienen el deber de ofrecer todos sus programas con calidad. A lo largo de Chile no pasan de tres o cuatro las estaciones que actualmente realizan esfuerzos en este sentido.Como van las cosas, se está formando una generación de jóvenes que, por acostumbramiento, encuentra cada vez más hermosa la música más mediocre, porque no tiene suficientes puntos de referencia para discriminar sobre lo bueno o lo malo que los obligan a escuchar. Les va a pasar como a los que despiertan todas las mañanas con el graznido de los gorriones, pero que creen iniciar un nuevo día con el canto de los canarios.

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