REACCIÓN FAVORABLE

A mediados del siglo xix se produjo una reacción favorable en beneficio de la dignificación de la música religiosa. Aquí en Chile, por ejemplo, ella estuvo personificada por don José Bernardo Alzedo, maestro de capilla de la Catedral de Santiago entre 1846 y 1864. Poco duró esta reacción: problemas económicos minaron la existencia de grupos estables de músicos que trabajaban para la Iglesia; el dominio avasallador de la ópera italiana redujo a cenizas todo intento musical que no le rindiera homenaje; la profesión de músico fue perdiendo categoría artística y jerarquía social a medida que aumentaban las candilejas y disminuían las exigencias. Como corolario, se reemplazó a la orquesta por el órgano —que pasó a ser el instrumento “oficial” de la Iglesia más por razones económicas que teológicas— y se llegó a la piedad musical de devocionario y al mal gusto de los cánticos con ritmo de vals, tan de moda en el “fin de siècle”.

Otros intentos de reacción llevaron a los benedictinos de Solesmes a hacer la más importante investigación científica sobre el canto gregoriano de los tiempos modernos, la que sirvió de base para el “Motu proprio” de San Pío x, en 1903, más famoso por su contenido que por su acción duradera.

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