LA PERFECCIÓN Y EL INTERPRETE MUSICAL

Los intérpretes chilenos han demostrado en el extranjero, desde hace más de un siglo, que Chile es un país de músicos de talento. Recordemos someramente a Federico Guzmán, Rosita Renard o Claudio Arrau, entre los pianistas de mayor nombradla internacional.

Actualmente, llama la atención la cantidad de músicos de orquesta que se desempeñan en conjuntos de primera categoría de América y Europa. Si hay chilenos que se destacan ante públicos tan exigentes como el norteamericano o el europeo, es porque han alcanzado un alto grado de perfección en su arte, tanto en la técnica como en la calidad artística de su interpretación. Es cierto que muchos han perfeccionado sus estudios en el extranjero, pero la mayoría se ha formado en Chile y el país ha invertido en ellos cuantiosos recursos que hoy aprovechan otros. También es cierto que hay intérpretes de categoría similar que han preferido quedarse en Chile, a pesar de que sus perspectivas son inferiores a las que podrían encontrar en el exterior; sin embargo, pareciera que en la lista de exportaciones no tradicionales se ha agregado a los buenos intérpretes, hasta el punto de producir un desabastecimiento de ellos, sobre todo de los más jóvenes.

Este año, por ejemplo, un concurso internacional con sede en Chile no ha contado con participantes chilenos. En años anteriores, los que se presentaron a él no alcanzaron premios. Desde hace un tiempo proliferan las temporadas de conciertos en Santiago, pero el público ve muchas caras repetidas en diferentes escenarios. En provincias, hace tres años que se reanudaron las giras anuales de la Orquesta Sinfónica, pero en muy pocos puntos del territorio existe una actividad estable de conciertos.

Se dice que faltan instrumentistas en el país, lo que es efectivo sólo en algunos instrumentos, porque en otros sobran. Lo que falta es mayor cantidad de instrumentistas de calidad residentes en Chile, capaces de interpretar la música con la perfección que ella merece, ya sea desde el atril de una orquesta o en el primer plano de un solista.

Las causas de este fenómeno son diversas y profundas. Las escuelas superiores de música no son tales, en cuanto deben empezar por impartir conocimientos básicos y suplir la incultura musical con que llegan los alumnos del colegio; la metodología y el perfeccionamiento del profesorado no se han renovado con la rapidez necesaria; un número sorprendente de alumnos llega a estudiar música sin tener condiciones para ello; por último, aunque no menos importante, no hay estímulo artístico y económico suficiente como para conquistar vocaciones instrumentales de calidad, para retener a los mejores dentro del país, o para que el intérprete perfeccione su arte con la dedicación y tranquilidad que puede lograr en otras partes. A esto debemos agregar un aumento en la indulgencia del público, cuya exigencia de perfección es cada vez menor, lo cual es grave, porque la mediocridad de la cultura musical de un pueblo sólo se concibe si ese pueblo la acepta.

Parece que nuestra condición de subdesarrollo nos produce un cierto complejo de inferioridad, por el cual damos por sentado que para escuchar una interpretación instrumental perfecta hay que viajar al extranjero, o hay que esperar la venida de conjuntos visitantes. Recordamos este año la de un conjunto francés, cuyo clarinetista era capaz de transportar al oyente al más alto grado de admiración, simplemente porque su arte, era perfecto.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *