El dia sexto -26

La conversaci6n continu6 por esos derroteros hasta que decidf que no servfa de nada hablar con Amalia de este asunto, ya que ella no me hablaba de Sara sino de lo monstruosamente indiferente quehabfa sido yo con ella. Algo que, por supuesto, no hacfa falta que me recordara. Mientras nos trafan la cuenta, quise saber c6mo le iban las cosas. Amalia estaba especialmente vulnerable ese dfa; ape- nas la reconocfa. Comenz6 a contarme las dificultades por las que pasaba. Su empresa estaba en una situacidn diffcil, no surgfan nuevos encargos. Y los gastos fijos que tenia se comfan los escasos beneficios. Mientras me hablaba de sus miserias laborales, de sus problemas con los proveedores, de su cansancio permanente, me di cuenta de que estaba tocando fondo. Nunca la habfa notado tan desvalida. Tan baja de forma, ella que siempre habfa sido hiperactiva, s6- lida e invulnerable. Send una enorme amargura viendola asf. Sin embargo, yo ya no tenfa ningun poder sobre ella. S6lo podia escucharla y asentir. Los ninos estaban bien. Ahora, ademas, me dijo, disponfa de mas tiempo para pasar con ellos, aunque Miguel se habfa vuelto muy independien- te y vivfa su vida, encerrado en su cuarto. Sin embargo, a veces, la rutina diaria se le hacfa muy cuesta arriba: que si los deberes, que si la ropa, los medicos, las reuniones en el colegio, las vacaciones. Tal y como me explicaba en lo que se habfan convertido sus dfas, podrfa parecer que me echara de menos, no como marido, sino como pilar en el que apoyarse o, por lo menos, como alguien con quien repartir el peso de la vida. A cada frase de lamento, anadfa: como estoy sola. Tuve la impresi6n de que Amalia no s61o me re- prochaba que no la hubiera hecho feliz en su dia, sino que tambien me reprochaba que no fuera feliz ahora. Ahora que yo habi’a desaparecido de su existencia, tal y como ella habi’a deseado.
Volvimos a la casa. Ella, durante el trayecto, se qued6 adormilada. La espabile cuando llegamos. Lo ultimo que me dijo antes de cerrar la puerta del cuarto de los nifios fue:
—No se c6mo te gusta tanto este lugar, la playa es de- soladora en invierno.

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