El dia sexto -25

—Efectivamente. Suele ser asi. Pero lo de Sara no tiene nombre. Habfa perdido completamente la dignidad, el respeto hacia si misma.
—Oye, tu crees que pasaba apuros econ6micos, crees que no ganaba suficiente dinero con los libros y las confe- rencias que daba?
—No lo se. Imagino que vivfa bastante al dia. Ademas, tengo la impresi6n de que preferia llevar un pantalon de Armani a comer un buen filete. Cada dfa estaba mas del- gada. Por que?
—No. Mera curiosidad. Yo siempre la encontraba muy elegante, bien vestida y arreglada. Pero de pronto, me ha asaltado la duda…
—Hombre, lo que parece evidente es que es dificil vi- vir de la literatura. De todas formas, Sara no tenia muchos gastos fijos. Solo el alquiler del apartamento. Ademas, pa-rece ser que el casero no se lo habfa subido en los ultimos diez anos.
—Crees que Sara tenia una doble vida? Quiza se ga- nara el dinero de alguna otra forma.
—Pablo, no tengo ni idea. Pero, de todas formas, no se a qud viene tanto interns por lo que hacfa o dejaba de ha- cer tu hermana. Ahora precisamente. No te entiendo.
—Tienes raz6n. Que mds da. Lo unico importante es que estd muerta.
—No, no lo entiendes. No digo que sea estupido preo- cuparse por ella, sino que lo que es absurdo es que te preocu- pes ahora. Ella nunca me dijo nada, pero imagino que le
hubiera gustado tener algun tipo de contacto contigo. Siemprc me pareci6 una mujer desarraigada. No s6, algo perdida.

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