El dia sexto -24

—Si, tu hermana estaba perdidamente enamorada de un hombre que la hacia muy infeliz. Usando tus tecnicis-mos, quiza debena decir que estaba obsesionada con , Por lo que me conto, mantema una relacionmuy tortuo- sa. El parece que solo tenia ojos para sf mismo. Era un egoista, como tantos otros. La machacaba moralmente porque a veces querfa estar con ella y muchas otras no, y esto ocurrfa de forma aleatoria. En vez de darle algo de cs- tabilidad se la robaba dfa a dfa; como una sanguijuela, le fue chupando la sangre. Era ese tipo de hombres que ne- cesitan que les des cana, pero tu hermana, a pesar de ser una mujer fuerte, ante el amor se comportaba como si no tuviera voluntad, como una gilipollas. Se dejaba pisotear y maltratar, humillar y zarandear como un trapo sucio al que hay que quitarle el polvo. Conozco tantos casos asi; mujeres que se desviven por hombres que las mantienen vivas con un poco de agua y un mendrugo de pan.
Amalia habia terminado de comer y el alcohol comen- zaba a hacer estragos en su pronunciacion. Arrastraba las palabras, las alargaba, se le retorcfan en el cielo de la boca. Me pidio un cigarrillo y al encenderselo me di cuenta de lo mucho que le temblaba entre los dedos.
Dude entre pedirme o no un whisky, pero, finalmente, opte por no hacerlo, cref que era mejor no incitar a Amalia a que pidiera otro. A pesar de lo perjudicada que estaba, sabfa que no se equivocaba respecto a Sara. Habfa tenido oportunidad de comprobarlo, leyendola.
—Las relaciones de pareja suelen ser siempre asi: hay uno que tortura y otro que se deja torturar —dije, despuds de pedir dos cafes a Sarasur. Era una tonteria de frase, una obviedad mas, pero Amalia se habia quedado callada y yo necesitaba que me siguiera hablando de mi hermana y de
su relacion. Le habrfa contado ella que habfa tenido que abortar?

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